4.Obediencia

A las charlas del maestro Bankei no sólo asistían estudiantes de zen sino también personas de todas las clases y sectas. Jamás citaba sutras ni se entregaba a disertaciones escolásticas, sino que hablaba directamente desde su corazón a los corazones de sus oyentes.

El hecho de que tuviera un público tan nutrido enojó a un sacerdote de la secta Nichiren, porque sus fieles se habían marchado para oír hablar del zen. El egocéntrico sacerdote de Nichiren se presentó en el templo, decidido a debatir con Bankei.

–¡Eh, maestro de zen! –exclamó–. Espera un momento. Quien te respete obedecerá lo que dices, pero un hombre como yo no te respeta. ¿Puedes obligarme a obedecerte?

–Ven a mi lado y te lo mostraré –respondió Bankei.

El orgulloso sacerdote se abrió paso entre el público hasta llegar ante el maestro. Bankei sonrió.

–Ven a mi lado izquierdo.

El sacerdote obedeció.

–No –dijo Bankei–. Hablaremos mejor si estás en el lado derecho. Pasa por aquí.

El sacerdote, sin abandonar su porte altivo, pasó a la derecha.

–Ya lo ves –observó Bankei–, me estás obedeciendo y creo que eres una persona muy dócil. Anda, siéntate y escucha.