33.La mano de Mokusen

Mokusen Hiki vivía en un templo en la provincia de Tamba. Uno de sus feligreses se quejó de la tacañería de su esposa.

Mokusen visitó a la mujer del feligrés y le mostró el puño cerrado ante la cara.

–¿Qué quieres decir con eso? –le preguntó la mujer, sorprendida.

–Supón que mi puño siempre fuese así. ¿Cómo dirías que está?

–Deformado –respondió la mujer.

Entonces abrió la mano y le mostró la palma.

–Supongamos que fuese así. ¿Qué dirías entonces?

–Otra clase de deformidad –dijo la esposa.

–Si comprendes eso –concluyó Mokusen–, eres una buena esposa.

Dicho esto, se marchó.

Después de su visita, la esposa ayudó al marido tanto a distribuir como a ahorrar.