Cierta vez, una división del ejército japonés estaba trabada en un combate simulado, y algunos de los oficiales consideraron necesario establecer su cuartel general en el templo de Gasan.
Gasan le dijo a su cocinero:
–Que los oficiales tomen la misma comida sencilla que nosotros.
Esto enojó mucho a los oficiales, pues estaban acostumbrados a un trato muy deferente. Uno de ellos se acercó a Gasan y le dijo:
–¿Quién te crees que eres? Nosotros somos soldados y sacrificamos nuestras vidas por el país. ¿Por qué no nos tratáis en consonancia?
–¿Quién creéis que somos nosotros? –respondió severamente Gasan–. Somos soldados de la humanidad, y nuestro objetivo es el de salvar a todos los seres sensibles.