60.El túnel

Zenkai, hijo de un samurai, viajó a Edo y allí se convirtió en servidor de un alto funcionario. Se enamoró de la esposa de éste y fue descubierto. Entonces mató al funcionario en defensa propia y huyó con la esposa.

Más adelante los dos se dedicaron al robo, pero la mujer era tan codiciosa que Zenkai estaba cada vez más disgustado. Finalmente la abandonó, emprendió un largo viaje hasta la provincia de Buzen y allí se convirtió en mendigo errante.

A fin de expiar su pasado, Zenkai decidió llevar a cabo alguna buena acción en su vida. Sabía de un camino peligroso en lo alto de un despeñadero que había causado la muerte y lesiones a muchas personas, y resolvió abrir un túnel a través de la montaña.

Durante el día, Zenkai pedía comida, y por la noche se dedicaba a excavar el túnel. Al cabo de treinta años, el túnel medía 635 metros de largo, 6 de alto y 9,5 de ancho.

Dos años antes de que la obra estuviera completada el hijo del funcionario al que había matado, que era un hábil espadachín, descubrió a Zenkai y se presentó para vengarse matándole.

–Te daré mi vida de buen grado –le dijo Zenkai–, pero déjame terminar mi obra. El día que esté completa, podrás matarme.

Así pues, el hijo aguardó el día. Transcurrieron varios meses y Zenkai seguía excavando. El hijo se cansó de no hacer nada y fue a ayudarle en la excavación. Tras prestarle ayuda durante más de un año, llegó a admirar la fuerte voluntad y el carácter de Zenkai.

Por fin el túnel estuvo terminado y la gente pudo usarlo y viajar con seguridad.

–Ahora córtame la cabeza –dijo Zenkai–. He terminado mi obra.

–¿Cómo podría cortarle la cabeza a mi maestro? –preguntó el hombre más joven a Zenkai con lágrimas en los ojos.