61.Gudo y el emperador

El emperador Goyozei estudiaba zen bajo la guía de Gudo, a quien preguntó:

–Según el zen, esta misma mente es Buda. ¿Es eso correcto?

–Si digo que sí –respondió Gudo–, creeréis que entendéis sin entender. Si digo que no, contradiría un hecho que muchos entienden muy bien.

Otro día el emperador preguntó a Gudo:

–¿Adónde va el hombre iluminado cuando muere?

–No lo sé –respondió Gudo.

–¿Por qué no lo sabes? –inquirió el emperador.

–Porque aún no me he muerto –replicó Gudo.

El emperador titubeó antes de preguntarle más sobre esas cosas que la mente no puede comprender. Entonces Gudo golpeó el suelo con la mano, como para despertarle, ¡y el emperador quedó iluminado!

El emperador respetó el zen y al viejo Gudo más que antes de su iluminación, e incluso le permitió llevar puesto el sombrero en palacio durante el invierno. Cuando Gudo tenía más de ochenta años, solía quedarse dormido en medio de la lección, y el emperador se retiraba en silencio a otra sala a fin de que su querido maestro pudiera disfrutar del descanso que requería su viejo cuerpo.