Pidieron a Kasan que oficiara en el funeral de un señor provincial.
Nunca había estado antes entre señores y nobles, y se sentía nervioso. Cuando comenzó la ceremonia, Kasan sudaba.
Luego, a su regreso, convocó a sus discípulos. Kasan confesó que no estaba cualificado para ser maestro, pues no tenía un comportamiento similar en el mundo de la fama al que poseía en el templo recoleto. Entonces Kasan dimitió y se convirtió en discípulo de otro maestro. Ocho años después volvió con sus antiguos discípulos, iluminado.