67.¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás diciendo?

En los tiempos modernos se dicen muchas tonterías sobre los maestros y los discípulos, así como sobre la herencia de la enseñanza de un maestro que reciben sus discípulos predilectos y que les autoriza a transmitir la verdad a sus partidarios. Por supuesto, el zen debería impartirse de esta manera, de un corazón a otro, y en el pasado se hacía realmente así. Reinaban el silencio y la humildad, más que las declaraciones y los asertos. Quien recibía esa enseñanza, la mantenía oculta incluso pasados veinte años. Hasta que otro, debido a su propia necesidad, descubría que tenía a un auténtico maestro a su alcance, el hecho de que la enseñanza había sido impartida era desconocido, e incluso entonces la ocasión surgía con toda naturalidad y la enseñanza avanzaba por derecho propio. Bajo ninguna circunstancia el maestro decía jamás: «Soy el sucesor de Fulano». Tal afirmación demostraría todo lo contrario.

El maestro de zen Mu-nan tuvo un único sucesor, llamado Shoju. Cuando éste hubo completado sus estudios de zen, Mu-nan le llamó a su habitación.

–Me estoy haciendo viejo –le dijo–. Que yo sepa, Shoju, eres el único que transmitirá esta enseñanza. Aquí tienes un libro, que ha pasado de un maestro a otro durante siete generaciones. También he añadido muchas cosas según mi comprensión personal. El libro es muy valioso, y te lo doy para representar tu condición de sucesor.

–Si el libro es tan valioso, sería mejor que lo conserves –replicó Shoju–. Me has enseñado el zen sin escritos y estoy satisfecho con él tal como es.

–Ya lo sé –dijo Mu-nan–. De todos modos, esta obra ha pasado de un maestro a otro durante siete generaciones, por lo que puedes quedártela como un símbolo de que has recibido la enseñanza. Tómala.

Los dos hombres estaban hablando ante un brasero. En el instante en que Shoju tuvo el libro en las manos lo dejó caer a los carbones ardientes. No tenía ningún deseo de posesiones.

–¿Qué estás haciendo? –gritó Mu-nan, quien nunca se había encolerizado hasta entonces.

Shoju le replicó con otro grito:

–¿Qué estás diciendo?