Gasan estaba sentado al lado de la cama de Tekisui tres días antes del fallecimiento de su maestro. Tekisui ya le había elegido como sucesor.
Recientemente había ardido un templo y Gasan estaba atareado reconstruyendo la estructura. Tekisui le preguntó:
–¿Qué vas a hacer cuando el templo esté reconstruido?
–Cuando te hayas repuesto de tu enfermedad queremos que hables en él –respondió Gasan.
–Supón que no vivo hasta entonces.
–Entonces buscaremos a otro para que hable –replicó Gasan.
–Supón que no puedes encontrar a nadie –dijo Tekisui.
Gasan le respondió alzando la voz:
–No hagas unas preguntas tan tontas. Anda, duérmete.