Tangen había estudiado con Sengai desde su infancia. Cuando tenía veinte años quería abandonar a su maestro y visitar a otros para realizar un estudio comparado, pero Sengai no le permitía tal cosa. Cada vez que Tangen lo sugería, Sengai le daba un coscorrón.
Finalmente Tangen pidió a un hermano mayor que indujera a Sengai a concederle el permiso. El hermano así lo hizo e informó a Tangen:
–Está arreglado. Lo he dispuesto todo para que emprendas tu peregrinaje en seguida.
Tangen fue a ver a Sengai para agradecerle su permiso. El maestro respondió dándole otro coscorrón.
Cuando Tangen relató esto a su hermano mayor, el otro le dijo:
–¿Qué ocurre? Sengai no debe dar su permiso y luego cambiar de idea. Voy a decírselo.
Y fue a ver al maestro.
–No he cancelado mi permiso –dijo Sengai–. Sólo deseaba darle un último coscorrón, pues cuando regrese estará iluminado y no podré volver a reprenderle.