98.Desapego

Kitano Gempo, abad del templo Eihei, tenía noventa y dos años de edad cuando murió, en 1933. Se había esforzado durante toda su vida por no tener apego a nada. Cuando contaba veinte años de edad, se hizo mendigo errante y cierta vez conoció a un viajero que fumaba tabaco. Mientras caminaban juntos por un camino de montaña, se detuvieron a descansar bajo un árbol. El viajero ofreció tabaco a Kitano, el cual lo aceptó, pues en aquellos momentos estaba muy hambriento.

–Qué agradable es fumar –comentó.

El otro le regaló una de sus pipas y tabaco, y los dos se separaron.

«Unas cosas tan agradables deben trastornar la meditación», pensó Kitano. «Debo parar ahora, antes de que esto vaya demasiado lejos.» Así pues, tiró los útiles de fumar.

Cuando tenía veintitrés años estudió el I-King, la doctrina más profunda del universo. Era invierno y necesitaba algunas prendas de abrigo. Escribió a su maestro, que vivía a más de ciento ochenta kilómetros de distancia, contándole su necesidad, y dio la carta a un viajero para que la entregara. Transcurrió casi todo el invierno sin que llegaran ni la respuesta ni ropas nuevas. Así pues, Kitano recurrió a la presciencia del I-King, el cual también enseña el arte de la adivinación, para determinar si su carta se había extraviado. Descubrió que así había sido. Una carta posterior de su maestro no hacía ninguna mención a ropas.

«Si llevo a cabo unas determinaciones tan precisas con el I-King es posible que descuide la meditación», se dijo Kitano. En consecuencia, abandonó esa enseñanza maravillosa y jamás recurrió de nuevo a sus poderes.

Cuando tenía veintiocho años estudió caligrafía y poesía china. Llegó a ser tan hábil en esas artes que su maestro le alabó. Kitano reflexionó: «Si no me detengo ahora, seré poeta, no un maestro de zen», y no volvió a escribir jamás otro poema.